Ecosistema Playa Negra se suma a la red de humedales urbanos del Biobío
13 de Enero 2026 | Publicado por: Equipo Digital
Tras años de solicitudes, levantamientos técnicos y ajustes de delimitación, esta semana los humedales Playa Negra I y Playa Negra II quedaron oficialmente incorporados como Humedales Urbanos en la comuna de Penco, luego de la publicación de sus decretos en el Diario Oficial, elevando a 25 los ecosistemas acuáticos protegidos en la Región del Biobío bajo la Ley 21.202.
Ambos hoy forman parte de un mismo sistema ecológico asociado al drenaje del río Andalién hacia el mar. Playa Negra I, de tipo palustre, abarca 19,01 hectáreas, mientras que Playa Negra II, de carácter lacustre, suma 0,28 hectáreas. De acuerdo con la cartografía oficial del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), ambos polígonos se encuentran íntegramente dentro del límite urbano definido por el Plan Regulador Comunal (PRC) de Penco, configurando una planicie de aguas dulces y napas superficiales que conecta la cuenca fluvial con el borde costero.
Para la autoridad, el reconocimiento se inscribe como una respuesta directa a la “triple crisis de cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación”. En ese contexto, la ministra del MMA, Maisa Rojas, sostuvo que los humedales urbanos son “un ejemplo excelente de cómo, con la ayuda de la naturaleza, podemos estar mejor preparados para enfrentar eventos climáticos extremos como inundaciones y sequía”. En la misma dirección, el seremi de la cartera en el Biobío, Pablo Pinto, subrayó su rol en el bienestar humano, como la purificación de aguas, la mitigación de inundaciones y la generación de espacios de recreación.
En el ámbito comunal, la declaratoria del sistema ecológico permite que Penco pase a contar con tres humedales urbanos protegidos, junto al Humedal Cementerio, ampliando el mapa local de ecosistemas bajo resguardo estatal. Según el alcalde pencón, Rodrigo Vera, “esto pone en valor la conservación de espacios de alta biodiversidad de nuestra comuna”, y agregó que se han reforzado operativos de limpieza para evitar microbasurales, como parte de una política de mayor cuidado ambiental.
Percepción de lo conseguido
A pesar del hito, la declaratoria de Playa Negra I y II también marca el cierre de un ciclo de disputas territoriales que se arrastró por casi una década en Penco. Según explicó el concejal Leonardo Jara, en ambos humedales “siempre hubo una tensión respecto a las industrias que están ahí y a posibles proyectos habitacionales”. “Si tenemos una ley que los protege, pero la fiscalización es débil, la ley no va a tener sustento”, advirtió.
En esa línea, detalló que en el sector existen denuncias ante la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) y la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) por helicópteros no registrados que aterrizan en Playa Negra, además de basura, escombros y abandono de animales, situaciones que generan impactos directos sobre zonas de anidamiento y biodiversidad.
A ello se suma la discusión por infraestructura estratégica, como la posible extensión del Biotrén hacia Penco, cuyo trazado proyectado atraviesa el sector. Jara confirmó que la iniciativa deberá ingresar a una Declaración de Impacto Ambiental (DIA). “El tren es necesario para las comunidades, pero no puede pasar por encima de otras leyes”, recalcó.
En paralelo, vinculó este proceso con la actualización del PRC y del Plan Regulador Metropolitano de Concepción (PRMC). Esa condición —explicó— se apoya en estudios del Centro de Ecología Aplicada (CEA) y en los registros del Libro de Aves del Humedal Rocuant–Andalién, que documentan la presencia de especies residentes y migratorias que conectan el humedal con rutas desde Norteamérica al sur de Chile, además de su rol como sumidero de carbono frente al cambio climático.
Ese respaldo, añadió Jara, fue acompañado por un trabajo sostenido desde el territorio. Recordó que organizaciones como la Corporación Parque Para Penco levantaron catastros ambientales que luego fueron utilizados por autoridades y por la Red de Protección de Humedales del Biobío (RHBB) para respaldar las solicitudes formales, junto con el aporte del ex Dideco de Penco, Esteban Llanos, con publicaciones técnicas del sector.
Desafíos de la causa ambiental
En palabras de Jocelin Varela, de la RHBB, la declaratoria es un avance relevante, pero también abre un debate sobre el modelo de desarrollo que se ha intentado imponer en Penco, entre la idea de una “zona minera” y la defensa ciudadana de una identidad ligada al turismo y al entorno natural.
Junto a ello, advirtió que el principal riesgo es que la protección quede solo en el papel. “El MMA es uno de los ministerios con menos recursos, y eso mismo se replica en los municipios”, señaló. A su juicio, sin financiamiento suficiente para Planes de Manejo, la ley no logra ordenar actividades, fiscalizar ni establecer estrategias de resguardo reales.
Desde una mirada territorial, Fundación Pongo advirtió que el sistema Playa Negra arrastra presiones previas. Javiera Rodríguez, parte de la fundación, comentó que el sector registra denuncias por microbasurales y escombros, lo que incluso obligó a cerrar accesos vehiculares en ciertos períodos. A ello se suma la expansión urbana hacia sectores de interfaz como Mavidahue, que ha ido empujando la ciudad hacia el sistema hídrico.
Las amenazas, añadió, también provienen de proyectos de mayor escala. Rodríguez mencionó el caso del terminal GNL Talcahuano, que proyecta tuberías sobre el humedal, y una plataforma logística planificada sobre predios de humedal como parte de la cadena forestal, con conexión ferroviaria hacia el puerto de Lirquén, donde la principal carga de exportación es madera de Arauco. “Esto implica nuevas vías urbanas e industriales sobre un ecosistema frágil”, advirtió.
A escala regional, la organización alertó que la brecha sigue siendo alta. En Penco persisten humedales sin protección, como Los Boldos dentro del Parque Para Penco o la cabecera de cuenca del bosque de Queules, hoy amenazada por faenas mineras de REE Uno SpA, que alimentan el río Penco. “Son territorios clave para la subsistencia humana y animal, y para enfrentar el cambio climático”, concluyó Rodríguez, en una región marcada por el avance del modelo extractivo.
Vista aérea del Sistema Playa Negra | Foto: MMA
Visión académica
Desde una mirada académica, el doctor en Ciencias Ambientales y académico de la Universidad de Concepción, Octavio Rojas Vilches, señaló que Playa Negra I y II cumplen una función clave como “esponjas naturales” dentro de la cuenca baja del río Andalién, favoreciendo procesos de inundación controlada que —lejos de ser un problema— resultan necesarios para mantener su estado ecológico.
No obstante, subrayó que su verdadero aporte se expresa cuando se observan como parte del sistema Rocuant–Andalién. En ese contexto, recordó que el río ha generado múltiples inundaciones en los últimos 50 años, abordadas históricamente mediante canalizaciones cuyos beneficios han sido limitados. Según sus estimaciones, la protección integral del sistema permitiría reducir en al menos un 10 % el número de viviendas y habitantes afectados por crecidas extremas, incorporando soluciones basadas en la naturaleza.
Rojas sostuvo que la urbanización ha sido uno de los principales factores de deterioro de los humedales costeros del centro-sur. “Históricamente, se han destruido mediante rellenos, se han compactado por ganadería y se han intervenido con infraestructura que no considera los flujos hídricos”, señaló, junto con el uso de estos espacios como depósitos de escombros.
En ese escenario, destacó que la Ley de Humedales obliga a avanzar hacia una planificación moderna, que abandone la lógica de evacuar rápidamente el agua mediante canalizaciones. “Hoy se busca recuperar el ciclo natural del agua en las ciudades, incorporando técnicas de infiltración, almacenamiento y conducción”, dijo, aludiendo a modelos como las ciudades esponja en Asia, como Shenzhen o Shanghái, o las ciudades sensibles al agua en Europa, como Rotterdam o Copenhague.
Por último, el experto enfatizó que el sistema Playa Negra también actúa frente a marejadas, erosión costera e incendios forestales. Estos ecosistemas —afirmó— ayudan a estabilizar el borde costero, mantener la humedad de los suelos y actuar como barreras naturales al fuego, funciones incorporadas en los estudios de riesgo del PRMC. “La clave es pensar estos humedales como un sistema integrado de resiliencia climática”, finalizó.