Penco: analizan ampliación de albergues ante próximas lluvias en zonas quemadas
31 de Enero 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Aunque el episodio no dejó daños mayores, autoridades y equipos técnicos advierten que los suelos afectados por el fuego siguen siendo vulnerables ante la caída de agua.
La lluvia intensa que cayó este viernes sobre Penco y Lirquén encontró a la zona aún en estado de emergencia tras los incendios forestales y activó la evaluación de nuevas medidas de resguardo, entre ellas la eventual ampliación de albergues ante próximas precipitaciones. El episodio, asociado a una baja segregada, había sido anticipado por los pronósticos y generó expectación y preocupación entre familias que perdieron sus viviendas y permanecen en los terrenos.
Si bien el evento pasó sin consecuencias mayores, volvió a instalar un riesgo que sigue latente, pues no se trató de un sistema frontal tradicional, sino de precipitaciones concentradas en corto período, acompañadas de tormentas eléctricas. Esa combinación encendió alertas por sus efectos potenciales sobre suelos quemados y sectores de pendiente.
Con el frente ya superado, autoridades y equipos técnicos coincidieron en que la jornada funcionó como una primera prueba post incendio. Más que cerrar la contingencia, el episodio permitió evaluar la respuesta desplegada y anticipar los desafíos que podrían repetirse en las próximas semanas, considerando que los pronósticos advierten la llegada de nuevas lluvias a la zona.
Riesgo en la zona afectada
El territorio impactado por los incendios presenta hoy condiciones especialmente sensibles frente a las precipitaciones. La pérdida de cobertura vegetal, la cercanía de viviendas destruidas a cerros y quebradas, y la exposición de taludes configuran un escenario distinto al previo al fuego. En estos sectores, el suelo quedó desnudo y debilitado, aumentando la probabilidad de escurrimientos superficiales y arrastre de material.
Desde una mirada técnica, uno de los factores clave es la hidrofobicidad del suelo. Tras incendios de alta severidad, explican especialistas, la superficie puede adquirir un comportamiento prácticamente impermeable, lo que reduce la infiltración del agua y favorece que la lluvia escurra con rapidez. En zonas como Lirquén y sectores de Borde Cerro, este fenómeno eleva el riesgo de aluviones y remociones en masa cuando las precipitaciones se concentran en cortos periodos de tiempo.
A ese escenario se sumó la multiamenaza observada durante la jornada. Las tormentas eléctricas dejaron reportes de caída de rayos, incluso con focos puntuales de incendio en árboles y daños a maquinaria, aunque sin personas afectadas. “Es un riesgo real que está ocurriendo en estos momentos”, advirtió el director regional de Senapred, Alejandro Sandoval, reforzando el llamado a evitar la exposición innecesaria.
En terreno, la lluvia coincidió con una realidad compleja: muchas familias permanecieron en sus sitios, pese a la recomendación de evacuar hacia albergues. Algunos utilizan estructuras provisorias levantadas tras el incendio, otros resguardan materiales y ayudas recibidas. La jornada transcurrió con monitoreo constante, sin deslizamientos ni emergencias mayores, pero con una sensación de vulnerabilidad persistente.
La decisión de quedarse o evacuar marcó una de las principales tensiones del día. El resguardo de pertenencias, el arraigo al lugar y el temor a robos pesan en la evaluación de las familias. “Existe una reticencia de algunas personas a salir de sus terrenos”, reconoció el jefe de la Defensa Nacional en Biobío, el contraalmirante Edgardo Acevedo, precisando que el despliegue se concentró en las áreas identificadas como de mayor riesgo.
El balance final del episodio fue de alivio contenido. Hubo pérdidas acotadas, como carpas o nylon dañados por la lluvia, pero no se registraron eventos graves. Sin embargo, desde Senapred insistieron en que el escenario de amenaza no se desactivó, ya que la experiencia dejó un antecedente claro: las condiciones están dadas para que, ante lluvias más intensas, el riesgo vuelva a instalarse.
Respuesta ante nuevos pronósticos
Durante la lluvia, el Estado mantuvo un despliegue preventivo reforzado. Patrullajes de Fuerzas Armadas y policías, observadores en terreno y control territorial buscaron reducir riesgos y responder con rapidez. “Estamos desplegados en cada una de las áreas más afectadas”, afirmó el contraalmirante Acevedo, destacando que la estrategia se definió en base a un análisis previo de puntos críticos.
Los albergues y el transporte de acercamiento fueron otro eje de la respuesta. En Penco se mantuvieron operativos cuatro recintos, con cientos de personas albergadas, mientras buses gratuitos permitieron el traslado desde zonas afectadas. “Están todas las condiciones dadas para que vayan a los albergues”, insistió el delegado presidencial del Biobío, Eduardo Pacheco, llamando a priorizar la seguridad personal.
Junto al resguardo de las personas, se avanzó en medidas para proteger enseres y estructuras provisorias. La entrega de polietileno y el refuerzo de la seguridad buscan reducir la resistencia a evacuar. En ese contexto, el alcalde de Penco, Rodrigo Vera, señaló que ante el pronóstico de nuevas lluvias el municipio evalúa habilitar más albergues y aumentar la capacidad disponible. “Si vienen condiciones climáticas adversas la próxima semana, estamos proyectando ampliar los cupos y habilitar nuevos recintos”, afirmó.
En paralelo, el Gobierno anunció un refuerzo a las ayudas de emergencia. A los bonos de recuperación ya pagados se sumó un bolsillo electrónico para autoconstrucción asistida, orientado a mejorar la habitabilidad transitoria. “Estos recursos no son para la reconstrucción definitiva, son para pasar el invierno bajo techo”, aclaró el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, subrayando el carácter acotado de esta etapa.
Voluntarios y ayuda ciudadana
Desde el trabajo voluntario en terreno, Giancarlo Aravena, arquitecto e integrante del Grupo de Rescate Vertical de Concepción, quien colabora en el comando de incidente local, advirtió que este episodio “es un precedente para lo que se viene”, especialmente ante los pronósticos de lluvias más intensas previstos para los próximos días.
Aravena explicó que su labor se ha concentrado en articular información técnica y operativa en tiempo real, señalando que hoy el principal desafío es “cruzar información entre el área científica y los procedimientos in situ”, con foco en la identificación de zonas de amenaza y en la distribución de recursos.
En ese contexto, recalcó que “lo importante es gestionar la organización y la distribución equitativa de los recursos en las zonas más vulnerables”, especialmente en sectores donde las personas han optado por permanecer en viviendas dañadas o en áreas expuestas a nuevas emergencias.
Así, aunque las precipitaciones no dejaron daños mayores, sí dejaron una señal clara. La emergencia cambió de forma, pero no ha terminado. En un territorio aún marcado por el fuego, cada evento climático vuelve a tensionar la preparación y la capacidad de anticipación, confirmando —como advirtió el propio voluntariado— que lo ocurrido este viernes fue solo un primer aviso de lo que aún puede venir.