A cinco meses de la tragedia: cómo enfrentan el invierno los damnificados de Lirquén
10 de Junio 2026 | Publicado por: Diario Concepción
Desde el municipio destacan que la mayoría de los afectados y afectadas cuenta con un techo. Pero advierten que las familias aún requieren estufas, camas, utensilios y otras comodidades básicas.
Con jornadas frías, nubes cargadas sobre la bahía y lluvias que hoy amenazan, los cerros de Lirquén -en Penco- comienzan a poner a prueba las distintas soluciones habitacionales levantadas tras los incendios forestales que arrasaron el sector en enero pasado.
A más de cinco meses de la emergencia, y con más del 90 % de los damnificados contando con algún tipo de solución habitacional, según cifras entregadas recientemente por el municipio de Penco, Diario Concepción recorrió distintos sectores afectados para conocer cómo han respondido las viviendas donadas, las autoconstrucciones y otras soluciones levantadas tras la catástrofe de enero frente a las lluvias y bajas temperaturas de la temporada.
En ese contexto, la Municipalidad de Penco cuenta con un catastro específico de iniciativas habitacionales relacionadas con autoconstrucción, aportes privados, fundaciones o emergencia (Senapred), que no se vinculan, aún, con el proceso de reconstrucción de viviendas definitivas en que interviene el Serviu.
Los vecinos bajo techo
El recorrido comenzó en Villa Miramar, uno de los sectores más golpeados por el incendio. Allí, entre nuevas construcciones y sitios donde todavía se observan huellas de la emergencia, las historias reflejan distintas etapas de un mismo proceso.
Elizabeth Salazar vive actualmente en una vivienda entregada por Techo luego de perder su hogar durante los incendios.
Aunque recuerda que las primeras semanas tras la emergencia estuvieron marcadas por la incertidumbre y las carpas, asegura que la solución transitoria les ha permitido enfrentar de mejor manera la llegada del invierno. “Antes estábamos en carpa, nos habíamos mojado bastante con nuestros nietos”, relata.
A pesar de lo vivido durante las jornadas más duras, hoy la evaluación que hace de la vivienda donde reside es positiva. “Son calentitas, abrigaditas”, comenta.
Sin embargo, sus inquietudes aparecen al proyectar la etapa siguiente de la reconstrucción. Salazar cuestiona que las viviendas definitivas, que conoce hasta ahora, podrían resultar insuficientes para grupos familiares numerosos como el suyo.
“Nosotros somos siete personas (…) y en esas casas no cabemos”, sostiene, asegurando que le gustaría contar con una solución más amplia o con mayores facilidades para ampliar posteriormente la vivienda.
A pocos metros de distancia, Carlos Dinamarca muestra una realidad distinta. La vivienda donde reside junto a su familia fue donada a través de contactos vinculados a la iglesia que frecuenta su esposa. Posteriormente, utilizando recursos de apoyo recibidos tras la emergencia, terminó de acondicionarla para habitarla.
“Estas casas de paneles llegan como una base. Después hay que terminarlas, y con el aporte del Estado pudimos dejarla forrada, con piso y completamente habilitada”, explica.
Consultado sobre el comportamiento de la casa durante las lluvias, asegura no haber tenido inconvenientes. “No hemos tenido problemas. La construí yo mismo y me dediqué a que quedara bien terminada”, afirma.
Su evaluación general del resultado es positiva: “Estamos seguros y cómodos y calentitos”.
En Villa Miramar también vive Rhode Antilef, quien optó por la autoconstrucción tras perder su vivienda en el incendio. Su casa ya fue inspeccionada por equipos técnicos y actualmente continúa avanzando en terminaciones interiores.
“Acá arriba azota fuerte por el viento porque estamos en altura. Pero hasta el momento mi autoconstrucción está segura”, comenta.
Según explica, las inspecciones realizadas hasta ahora han validado aspectos como las bajadas de agua, la techumbre y los cortafuegos. “Ya vinieron a inspeccionar mi casa y me la encontraron okey”, señala.
Aunque reconoce que aún faltan trabajos por realizar, asegura que la estructura ha resistido adecuadamente las condiciones meteorológicas registradas hasta ahora.
“Ya las lucas se me acabaron”, agrega, explicando que espera recursos comprometidos para completar baños, pisos y otras terminaciones.
Luego de recorrer Villa Miramar, el trayecto continúa hacia el eje Balmaceda. En el descenso aparecen viviendas ya terminadas, otras aún en ejecución y numerosos ejemplos de reconstrucción impulsada directamente por los propios vecinos.
Entre ellos se encuentra Alejandro, carpintero de oficio, quien decidió levantar nuevamente su casa con ayuda familiar.
Al recordar las semanas posteriores al incendio, su relato aún conserva el impacto de aquellos días. “Perdí la casa, el auto y la plata que tenía guardada, todo”, recuerda.
Durante semanas permaneció en el mismo terreno donde antes se levantaba su vivienda. Pero hoy la situación es distinta. Su casa ya está terminada y, según afirma, las lluvias no han provocado mayores problemas.
“Nada. Yo trabajo como carpintero, entonces mi casita la paré yo mismo y la forré yo mismo”, explica. Aun así, espera que los programas de reconstrucción reconozcan parte de la inversión realizada.
A pocos metros de allí, Carlos Enriquez advierte que no todas las experiencias han sido iguales. “No todas las casas están pasando por la misma situación en realidad”, comenta.
Según dice, existen vecinos que todavía enfrentan filtraciones menores o dificultades asociadas a viviendas que permanecen incompletas. “Hay varias casas que no están totalmente cerradas”, añade.
No obstante, destaca que la situación general es considerablemente mejor a la registrada durante los primeros meses posteriores a la emergencia y que numerosas familias ya cuentan con condiciones adecuadas para enfrentar el invierno.
La última parada del recorrido se encuentra entre las recónditas escalinatas de Lirquén. Allí vive Laura Aguilar, quien actualmente espera la finalización de una vivienda construida con apoyo de la Policía de Investigaciones (PDI).
Mientras aquello ocurre, permanece junto a su hija en una estructura provisoria levantada dentro del mismo terreno. Consultada sobre cómo ha enfrentado las lluvias recientes, asegura no haber tenido mayores inconvenientes.
Laura explica que la construcción temporal fue realizada con recursos de ayuda recibidos tras el incendio y que le ha permitido enfrentar adecuadamente las bajas temperaturas: “Esta casa es térmica, con aislamiento (…) está bien calentita”.
Por el momento, su principal preocupación es terminar la instalación de pisos para trasladarse definitivamente a la nueva vivienda.
Desafíos inmediatos
El recorrido por Lirquén permite observar una reconstrucción marcada por distintas fórmulas y velocidades. Viviendas donadas por fundaciones, aportes de particulares, autoconstrucciones, subsidios estatales y proyectos habitacionales definitivos conviven actualmente en los sectores afectados.
En paralelo, el municipio pencón informó haber identificado 14 puntos críticos con riesgo de remoción en masa, los cuales ya fueron intervenidos para enfrentar el invierno. Además, continúan los trabajos de retiro de escombros y la instalación de infraestructura eléctrica en sectores afectados.
Para el alcalde Rodrigo Vera, el desafío actual ya no pasa únicamente por la existencia de un techo. “Los vecinos tienen los techos, pero dentro de sus casas no hay camas, no hay utensilios y sobre todo necesitamos estufas e implementación para que ellos se puedan abrigar”, indicó.
La reconstrucción de Lirquén aún está lejos de concluir. Persisten viviendas en proceso, subsidios por ejecutar y familias que esperan soluciones definitivas. Sin embargo, al recorrer los cerros afectados aparece una diferencia evidente respecto a los días posteriores al incendio: donde hace meses predominaba la total incertidumbre, hoy la gran mayoría de los damnificados enfrenta las lluvias y el frío bajo el calor de un techo.