UdeC

Discurso de bienvenida del Rector Carlos Saavedra a la Generación Centenario UdeC

Gabriela Maciel
Fotografía: UdeC
Comparte

Durante este jueves 21 de marzo la Universidad de Concepción recibió de forma oficial a sus nuevos estudiantes,  quienes pertenecen a la Generación Centenario, en el marco de la celebración de los 100 años de la UdeC. En la jornada el Rector, Carlos Saavedra, realizó el discurso de bienvenida donde resaltó los valores que se buscan inculcar la casa de estudios penquista.

“Estimadas y estimados estudiantes,

Sean todas y todos bienvenidos a nuestra Universidad de Concepción.

En este día, es una gran alegría para mí, como Rector, recibirlos como la Generación Centenario de la Universidad de Concepción. Hemos esperado y preparado la llegada de todas y todos ustedes con el entusiasmo que provoca un hito como el que celebramos y, también, porque sin ustedes, el sentido de nuestra labor no existiría, es decir, no habría universidad.

Para nuestro fundador, don Enrique Molina Garmendia, la Universidad de Concepción debía ser una especie de república ideal, una institución que ofreciera a todas las personas una orientación posible frente a los trastornos e incertidumbres del mundo. En este sentido, hace unos días, el Consejo Académico de la Universidad –integrado por las decanas y los decanos de las facultades y las autoridades superiores- aprobó por unanimidad el protocolo de actuación en caso de acoso sexual, violencia de género y discriminación. ¿Y por qué tendría la universidad que crear este protocolo? Porque el acoso sexual, la violencia de género y la discriminación son algunos de los trastornos existentes en el mundo actual. Nos gustaría que esos trastornos no existieran, pero se manifiestan de manera más frecuente de lo que quisiéramos, por lo que nos afectan como sociedad y, consecuentemente, debemos enfrentarlos y buscar soluciones. El protocolo de actuación se convierte así en una orientación posible para las personas, orientación nacida de una reflexión profunda de toda la comunidad universitaria, de estudiantes, de profesores y profesoras, de funcionarios y funcionarias que trabajaron codo a codo para lograr este documento único que busca, por sobre todo, salvaguardar la “plena dignidad humana del individuo”.

Por ello, y aunque en nuestro país estemos comenzando el otoño, quisiera darles la bienvenida a la primavera de sus vidas. Los años universitarios son aquellos en los que los ideales fluyen torrentosos por nuestras venas, los años en que tenemos ese vigor y coraje para hacer frente de manera quijotesca a los gigantes de mil brazos que debemos enfrentar en nuestros días: el gigante de la intolerancia, el de la contaminación, el del individualismo, el de la desidia, por nombrar solo algunos. Cada uno y cada una de ustedes eligió una carrera que les enseñará a enfrentar esos gigantes, que les dará armas de batalla y destrezas guerreras para domeñarlos y someterlos.

Los desafíos de la sociedad contemporánea, en general, y los del país, en particular, son múltiples. Por ejemplo, esta Universidad enfrenta el gran desafío de transitar hacia profesionales que hagan suyos los avances en las nuevas tecnologías a fin de ponerlas al servicio de la sociedad y las personas que la integran. Y también la oportunidad de una formación universitaria que implica gratuidad para un gran porcentaje de estudiantes, aunque el nuevo financiamiento estatal de los estudios, supone paralelamente una enorme responsabilidad para hacer de los recursos recibidos un efecto de desarrollo en toda la institución. Y la preocupación permanente, también, en cómo aseguramos constituirnos en una entidad de educación superior asociada íntimamente con los problemas que la región requiere solucionar para desarrollarse.

El día de mañana todas y todos ustedes están invitados a un concierto de nuestra Orquesta. Los mensajes de ambas obras se hallan relacionadas con las nuevas vidas que deberán recorrer: la primera es una suite llamada Peer Gynt, quien es un muchacho de campo noruego que tiene grandes sueños y una gran imaginación, viviendo a medio camino entre el realismo y el romanticismo, en una frontera nebulosa donde los límites de la realidad y la fantasía se han difuminado.

En este contexto, quiero hablarles ahora de las formas en que la Universidad de Concepción les propone para ayudar a cambiar o mejorar el mundo, en un nuevo espacio universitario que se les abre para vivir nuevas experiencias. Por cierto, en este mundo, las soluciones de los problemas que deberán enfrentar no se resuelven con magia. Se enfrentan y se superan atendiendo a valores que la Universidad de Concepción quiere aportar durante la formación en nuestras aulas.

El primero de ellos es la democracia y la libertad de expresión. La democracia no solo se ejerce mediante el voto secreto en una elección pública cada cuatro años. La democracia se ejerce también en la participación comprometida con la vida de los grupos humanos, comprometida con la libertad y la igualdad de todos sus miembros. En cuanto a la libertad de expresión, esta no solo consiste en manifestar nuestros pensamientos en un clima de respeto y convivencia adecuados, asumiendo la responsabilidad de lo dicho, sino también la de actuar consecuentemente con mis ideales.

En segundo lugar, esperamos que ustedes logren desarrollar un pensamiento autónomo, crítico y flexible. Cierto día, un estudiante que debía comenzar su seminario final fue a mi oficina a decirme que le gustaría trabajar conmigo en su tesis. Le pregunté sobre cuál era el tema de su tesis, a lo que me respondió: “No sé, quería preguntarle a usted en qué podría trabajar”. En esa respuesta, percibí que en algo habíamos fallado en su proceso formativo. No queremos que solo sean “material disponible”, sino que puedan tomar las riendas de su formación y que se conviertan en personas propositivas. La pregunta que deben lograr formular es ¿Y qué tal si…?, pregunta que invita a poner atención y a evaluar la propuesta que se hace. No todo está hecho y, lo que está hecho, de seguro puede hacerse mejor. La Universidad de Concepción será el ámbito para que lo descubran.

El tercero valor es la responsabilidad ciudadana. Esta Universidad no fue creada por el Estado de Chile, sino por los vecinos de la ciudad de Concepción, quienes, en un acto de rebeldía frente al centralismo santiaguino, decidieron crear, con la colaboración de muchos ciudadanos, una casa de estudios superiores independiente de las de la capital. Estos vecinos estaban conscientes de que una universidad regional abriría las puertas a muchos jóvenes, cuya formación universitaria generaría un bien enorme a la ciudad y a la región, pues retendría los talentos locales y atraería talento nacional e internacional, con lo cual se produciría un aumento en la cantidad de profesionales disponibles para desempeñarse en los alrededores. ¿No fue esta mirada un hecho visionario? ¿Cuántos de ustedes son de esta ciudad de Concepción o de esta región o de sus cercanías? La mayoría, sin duda. Yo soy santiaguino de nacimiento, pero penquista por adopción y de corazón, y me siento tremendamente comprometido con la región que vio crecer, formarse y desarrollarse a mis hijos, y que me ha dado la oportunidad de servir desde mi especialidad como físico, y hoy, de servir a la Universidad de Concepción desde mi responsabilidad como rector.

El cuarto valor se relaciona con el comportamiento ético y solidario. Don Enrique Molina hablaba de la “rectitud de corazón”, del “valor sin jactancia” y de la “firmeza de voluntad”, expresiones con las que se refería a la actuación ética que debe caracterizar a todos los miembros de esta comunidad universitaria. Aquí no hay, no debe haber, espacio para la corrupción. Los profesionales que egresan de la UdeC deben proyectar esa rectitud de corazón en su actuar. La justicia nace de este comportamiento ético, sobre todo, la justicia social, que nos hace ser solidarios con quienes necesitan de nuestra ayuda. Por más pequeña que sea tu responsabilidad, en cualquier ámbito -económico, grupal, social- actúa con rectitud y justicia. Esto hará que los demás te respeten y valoren.

En quinto lugar, se encuentra la búsqueda y el compromiso con el bien común. En lengua zulú existe un concepto precioso que tiene que ver con esto. Me refiero a la palabra ubuntu, que se puede traducir de manera simple como “Porque somos, soy”. Quiere decir que la búsqueda del bien común, el bien para todos, redunda en un bien para mí, como individuo. Este concepto nos resulta extraño, porque nuestra sociedad actual nos invita a justamente lo contrario: “si yo estoy bien, todo está bien”, “primero está mi propio bienestar; el resto, no es mi problema”. Entonces, al revés: queremos que ustedes, estudiantes de esta Universidad, aprendan a buscar primero el bien de todos y se comprometan a mantenerlo y fomentarlo. Finalmente, ¿no vivimos todas y todos en la misma sociedad?

Sexto, la equidad. Este valor tiene que ver con la justicia y las oportunidades para todos. Constituye una cualidad que consiste en dar a cada una y a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones. Desde la función de la gobernabilidad universitaria que me corresponde encabezar, la equidad no solo significa dar las mismas posibilidades a todas y a todos, sino trabajar para que las personas puedan aprovechar dichas oportunidades, es decir, crear los andamiajes para que nadie se quede sin lograrlo. En esta Universidad, estructurada como comunidad con sus distintos componentes, esto es, los estudiantes como ustedes, las funcionarias y funcionarios, y las académicas y académicos, todos con las más diversas funciones a fin de desarrollar nuestra Casa de Estudios, debemos concurrir a este espacio de constante crecimiento institucional siempre con permanente atención a todas las condiciones que nos rodean con el propósito de velar y trabajar para alcanzar este importante valor de la equidad.

En séptimo lugar, está la inclusión y el respeto a la diversidad. Esa inclusión, la de saber que hay alguien diferente al lado tuyo, que lo saludas pero que realmente no participa de tu vida, no es verdadera inclusión. La verdadera inclusión implica la participación, desde cada una de nuestras capacidades individuales, en la vida en común de las instituciones y de los grupos humanos. La verdadera inclusión implica reconocer esas diferencias que nos hacen únicos. Por eso, pongamos el foco en las potencialidades de nuestras diferencias, en lo que podemos lograr con ellas, y no en aquello que no podemos hacer. Ese es el verdadero respeto y la justa valoración de la diversidad. En este sentido, cada uno y cada una de ustedes tiene una habilidad única, una cualidad que debe poner al servicio de todas y de todos. Valoremos a los otros por lo que son y por lo que pueden llegar a ser, no por lo que les falta. Un jardín con rosas rojas es hermoso, pero es mejor si, además de rosas, hay violetas, margaritas y camelias.

Y, por último, está el valor del cuidado y la protección del medio ambiente y su biodiversidad. Tenemos un solo planeta, no más. Desgraciadamente, la conciencia de este hecho tan obvio se nos ha vuelto evidente solo en el último tiempo. Los impactos y amenazas del cambio climático han obligado a tomar medidas urgentes para mitigar el daño ambiental ya realizado a nuestra casa común. La búsqueda de un desarrollo sostenible, es decir, compatible con el cuidado medioambiental y las necesidades de calidad de vida de las personas, resulta imperiosa. Ustedes, estudiantes de la Universidad de Concepción, están llamados a ser quienes encuentren las soluciones definitivas a este problema que nos amenaza a todos.

Tal vez, quienes siguieron con atención mis palabras se preguntaron cómo es que la segunda obra del concierto a los que han sido invitados se relacionaba con cada una y cada uno de ustedes, si ni siquiera mencioné un vocablo relacionado con ello.

Pues bien, no me olvidé…

La segunda obra que escucharán, es decir, la sinfonía Nuevo mundo del compositor Dvorak fue creada después de que se trasladó desde la antigua Checoslovaquia a Nueva York (su nuevo mundo). La obra muestra la nostalgia de su tierra natal y también la visión de este nuevo horizonte lleno de aventuras por descubrir.

Este es su nuevo mundo, esta Universidad en la que esperamos que las nostalgias hogareñas se vayan transformando en una nueva mirada de todo lo que irán aprendiendo, de todas las oportunidades de crecimiento personal y social que generosamente ofrece nuestra Universidad de Concepción.

Queridas y queridos estudiantes,

La Generación Centenario, constituida por 2.701 estudiantes mujeres y 2.460 estudiantes hombres, la mayoría aquí presentes, son denominados con este simbólico nombre, porque coinciden con los cien años de nuestra fundación.

¿Pero qué significa para todas y todos ustedes este relevante hecho?

Constituye un trascendente símbolo, que los acompañará por el resto de sus vidas, aunque también conllevará desde hoy un altísimo grado de responsabilidad universitaria. Ustedes reciben la herencia de todas las generaciones anteriores con el peso de la historia y la tradición que ello supone; recogen el sueño de los fundadores de nuestra institución; reciben la herencia de la sabiduría Universidad de Concepción acumulada en un siglo.

Por lo tanto, en un tiempo de mayor incertidumbre y de acelerada obsolescencia, deberán encontrar el equilibrio necesario de los ocho valores aludidos a fin de encontrar soluciones innovadoras y disruptivas a los grandes problemas que enfrenta la humanidad.

Por lo mismo, aprovechen su tiempo, construyan sabiendo que las grandes interrogantes se resuelven con el trabajo sistemático y disciplinado de equipos de personas que comparten e integran distintos saberes humanos.

De este modo, enfrentar estos desafíos, no solo garantiza ser depositario de los cien años de la Universidad de Concepción, sino también serán el reflejo de lo mejor de la institución que se comienza a construir para las próximas generaciones que en el siguiente siglo, se formen bajo el alero de nuestra Casa de Estudios.

Deseo que su paso por esta universidad deje huellas positivas e imborrables en sus mentes y en sus corazones. Para que se produzca este noble propósito, permitan que las ideas afloren. Dense la oportunidad de soñar y de crear un mundo mejor, pero con realismo. Este espacio, el de la Universidad de Concepción, fue pensado para ello. De ahí que todos los días, a partir de hoy, escucharán al mediodía el himno de nuestra querida institución, que les recordará incansablemente que están aquí “por el desarrollo libre del espíritu” y ello los llamará a avanzar, imperiosamente, de esta forma: “universitarios arriba, arriba, de pie”.

Muchas gracias.”

Etiquetas
Comentarios