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Investigadora UdeC formó parte del primer marcaje satelital de cachalotes en el Pacífico Suroriental

Equipo Digital
Fotografía: Copas Coastal UdeC
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Por primera vez en el Pacífico Suroriental, en Chile se pusieron marcas satelitales a dos cachalotes para seguir su desplazamiento y conocer mejor el comportamiento en miras a fortalecer la conservación de esta especie de relevancia ecológica y cultural que resiste a severas amenazas del pasado y presente, un símbolo imponente de historias locales que llevaron a leyendas universales y de la vulnerabilidad de los grandes cetáceos ante la actividad humana.

El hito se logró el 11 de marzo en el marco de un esfuerzo colaborativo de largo aliento en el Archipiélago de Humboldt en la Región de Atacama entre investigadores del Centro de Investigación Oceanográfica Copas Coastal de la Universidad de Concepción (UdeC), Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza) y Centro Ballena Azul.

El cachalote es la especie más grande de las ballenas dentadas y habita a lo largo de la costa chilena. Tras casi dos siglos de caza indiscriminada que llegó a diezmar sus poblaciones, estando en Biobío una de las mayores industrias balleneras, hoy es una especie protegida declarada Monumento Natural de Chile en 2008 y con prohibición de caza, pero sigue enfrentando dramáticos riesgos en el mar que recorre.

“Con el marcaje esperamos obtener el desplazamiento de los cachalotes a lo largo de la costa de Chile por varios meses para entender la residencia, el rango de desplazamiento y cómo usan la costa. Y más adelante evaluar cómo proponer estrategias de conservación de estos animales que están fuertemente amenazados por la interacción con pesquería y por colisiones con tráfico marítimo”, destaca la doctora Susannah Buchan, oceanógrafa experta en grandes cetáceos, investigadora principal del Copas Coastal e investigadora del Ceaza, quien fue parte del histórico logro.

Por eso la especialista releva la necesidad de mejorar su comprensión y conservación: el cachalote es mítico, la ballena blanca del Pacífico conocida como Mocha Dick por avistarse e infundir temor antaño sobre todo en la Isla Mocha e inspiración para la novela Moby Dick, fue la especie más cazada en la corriente de Humboldt en la época ballenera que se concentró entre los siglos XIX y XX, y aún genera grandes preguntas científicas y las figuras legales no han sido suficientes para terminar las amenazas.

“Dado lo mucho que fue cazada, las amenazas que sufre y lo poco que sabemos necesitamos saber más de esta especie en Chile”, manifiesta.

En este sentido, proyecta y anhela que las evidencias no sólo sean útiles como insumo científico y para las políticas públicas, sino también para informar e incentivar actividades turísticas en torno al avistamiento de la especie en el Archipiélago de Humboldt e idealmente en otros puntos de Chile, sensibilizando en la sociedad el valor y belleza de su existencia para robustecer su cuidado y preservación y de los ecosistemas que habita.

Marcaje

Sobre el proceso, la investigadora detalla que primero se rastrearon cachalotes mediante hidrófono por Luna Martínez, guía de turismo especialista en rastrear la especie, y luego se pusieron marcas satelitales a dos cachalotes por el doctor Rodrigo Hucke-Gaete del Centro Ballena Azul y colaborador del Copas Coastal.

El marcaje satelital es una técnica que provee datos por varios meses que permitirán comprender mejor su comportamiento.

Y en estos pocos días hay para contar: “hemos visto que los dos animales que marcamos en el Archipiélago de Humboldt se han ido desplazando hacia el norte juntos, y ahora están en el sector de Taltal en la Fosa de Atacama”. Es la gran fosa oceánica donde científicos del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) de la UdeC llevan años de expediciones, exploraciones e hitos.

Marcaje de cachalotes: del desafío humano al hito científico

La doctora Susannah Buchan junto a colaboradores de distintas entidades llevan cerca de una década de trabajo en el Archipiélago de Humboldt en marcaje e investigación de la ballena fin, con foco en las observaciones particularmente en la Isla Chañaral.

Desde esta larga experiencia, la investigadora cuenta que la inspiración de marcar cachalotes nació luego que operadores turísticos empezaran a avistar y hacer tours en torno al cetáceo.

Pronto como científicos reconocieron que era importante observar de más cerca, y apostaron por lograr su marcaje, una misión de alta complejidad que requiere permisos especiales de la autoridad competente e importantes esfuerzos logísticos, técnicos y físicos. Es un desafío de una envergadura como el gran tamaño del animal y las profundidades que suele habitar.

“Las ballenas que hasta ahora hemos estado trabajando comen en aguas poco profundas, 200 a 300 metros de profundidad. Los cachalotes son especies de agua profunda, capaces de bucear varios kilómetros y se alimentan de especies que viven en las profundidades del océano, como la jibia. Por ende, es lejos de la costa. Por eso es tan desafiante trabajar con ellos, porque el acceso a su hábitat natural es más difícil y costoso”, manifiesta.

Pero, en medio de los retos del océano y el marcaje, se logró con éxito la misión propuesta, marcando a dos ejemplares y abriendo la puerta a un nuevo campo de investigaciones y oportunidades para conocer mejor y conservar efectivamente a este magno animal, frágil ante la amenazas humanas, y que desde esas profundidades que no podemos ver aporta al equilibrio y mantención de dinámicas en nuestro océano que provee servicios ecosistémicos esenciales para economías, alimentación, bienestar y vida.

En esa línea, la experta en cetáceos resalta el rol del Archipiélago de Humboldt para la ciencia y la conservación, siendo reconocido como un hotspot de biodiversidad a nivel global y por ello hay esfuerzos de la investigación del Copas Coastal UdeC: “se destaca como un laboratorio natural para el estudio de cetáceos, y ahora tenemos una especie más, el cachalote, que nos ofrece la posibilidad de estudiar”.

Y, así desde el norte chileno y como parte de un trabajo colaborativo entre distintas entidades, implicar a la ciencia local para generar información e hitos de importancia nacional e internacional.

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