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Por una salud intercultural

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Fotografía: Sonja San Martín D.
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Según registros de la primera década del 2000, los pueblos indígenas presentan un perfil de salud distinto al resto de la población de Chile, presentando una sobremortalidad general, alarmantes tasas de mortalidad infantil y elevada prevalencia de tuberculosis, sobre todo en zonas con alta densidad de población mapuche. Esto, sumado a un sistema de salud con poco conocimiento de su cosmovisión, da como resultado un problema urgente de resolver.

En el pueblo mapuche, en el sistema médico ancestral que aún se mantiene vigente en algunas comunidades rurales, no se considera que una mujer esté embarazada hasta que ella siente que el embrión se mueve. En el sistema de salud chileno, por el contrario, se promueve ingresar a las futuras madres antes de las 14 semanas de gestación. ¿Cómo compatibilizar ambas visiones? “Me dicen `respételos, apóyelos, fortalezca’, pero me están castigando al no cumplir una meta”, explica una funcionaria del servicio de salud que fue entrevistada para este estudio.

La investigación, llevada a cabo por la psicóloga y estudiante de doctorado Camila Pérez, la Dra. Gabriela Nazar y el Dr. Félix Cova del Departamento de Psicología de la Universidad de Concepción, tuvo por objetivo identificar los elementos facilitadores y obstaculizadores del proceso de implementación de una política de salud intercultural chilena.

Para eso, se realizó un estudio descriptivo en el cual participaron usuarios de servicios de salud de la etnia mapuche, profesionales de la salud biomédica, facilitadores interculturales e informantes clave de dos establecimientos de salud de comunas con alta densidad de población mapuche. “Quisimos identificar tanto aquellos elementos que han favorecido la puesta en práctica de la política de salud intercultural, como los que representan una barrera desde la visión de los usuarios mapuches y los profesionales de la salud de Cañete y Tirúa, comunas chilenas en las cuales se han desarrollado experiencias de salud intercultural con población mapuche durante más de una década”, explicó la Dra. Nazar.

OBSTACULIZADORES

Existió un gran consenso entre los actores consultados en señalar a la hegemonía del conocimiento biomédico como un elemento que se opone a la relación equitativa con el sistema de salud mapuche: “acá se supone que el conocimiento científico tiene un estatus de superioridad frente a cualquier otro tipo de conocimiento, incluida la cosmovisión mapuche”, expresa una de las personas entrevistadas cuyo registro se mantiene anónimo para la investigación.

Los participantes también coincidieron en que la falta de reconocimiento hacia los derechos del pueblo mapuche por parte del Estado impide que se establezcan relaciones respetuosas entre ambos actores. Otros elementos obstaculizadores detectados fueron: la poca comprensión por parte de los profesionales de la salud del concepto de salud intercultural; la falta conocimientos sobre la cultura mapuche; la falta de pertinencia de las metas sanitarias exigidas por los planes generales de gobierno. “Incluso, los profesionales de la salud subrayaron la falta de asignación horaria para participar en el despliegue del enfoque de salud intercultural.

En un escenario así, esta labor recae en la figura del facilitador intercultural y en un grupo minoritario de profesionales, que, sin recibir remuneración alguna, asumen tareas adicionales a las funciones propias de su cargo”, comentó el Dr. Cova.

FACILITADORES

En 1996, el Ministerio de Salud de Chile implementó el Programa Especial de Salud y Pueblos Indígenas, orientado a conferir pertinencia cultural a la atención y lograr la complementariedad entre sistemas de salud, como herramienta para superar las brechas de equidad que afectan a las condiciones de salud de los pueblos indígenas del país.

De hecho, un elemento que ha favorecido la implantación de la Política de Salud y Pueblos Indígenas es la normativa nacional e internacional referida a los derechos de los pueblos indígenas. “Esta normativa ha obligado a los equipos a desarrollar acciones para prestar una atención más respetuosa y de mayor calidad a los usuarios indígenas”, indicó la investigadora.

Otro aspecto favorable fue el mayor conocimiento de los pacientes de sus propios derechos, “que les ha permitido desarrollar una labor activa en torno a la demanda de una atención culturalmente pertinente y de calidad”.

La Dra. Nazar, por su parte, menciona algunos otros elementos facilitadores encontrados en esta investigación, como por ejemplo: “la formación de equipos encargados de implementar la política en los establecimientos de salud, la presencia de actores mapuches como agentes de salud en los centros de atención, puesto que actúan como un catalizador de la interculturalidad en la medida en que ayudan a incorporar la visión de salud tradicional en el modelo de atención biomédico, y la participación de voluntarios que apoyan la implementación de esta política de salud intercultural”.

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