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Bicicleta gana terreno en medio del alza de combustibles

Equipo Digital
Fotografía: Carolina Echagüe
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El alza sostenida en el precio de los combustibles en Chile durante marzo ha comenzado a reflejarse más allá del gasto de los automovilistas, impactando directamente en las decisiones de movilidad urbana. En el Gran Concepción, este escenario coincide con un aumento en el interés, uso y percepción de la bicicleta como alternativa de transporte, en un fenómeno que —según datos de mercado, actores del rubro y registros de uso— combina factores económicos, cambios culturales y avances en infraestructura, consolidando a este modo como una opción cada vez más competitiva en la vida cotidiana.

Parte del retail da cuenta de esta tendencia. Por ejemplo, según datos de la multitienda Ripley, las búsquedas online de bicicletas y scooters eléctricos aumentaron cerca de un 60 % tras las últimas alzas en las bencinas, reflejando un mayor interés por alternativas de transporte más económicas. Desde la compañía atribuyen este comportamiento a la necesidad de soluciones de movilidad más accesibles.

Demanda y comportamiento local

Otros sostienen que el comportamiento del consumidor se debe leer a través de diversas variables. Desde la bicicletería penquista Viaja en Bici, especializada en ciclismo aventura y servicios ciclomecánicos, su representante, Alberto Lobos, señala que han observado un aumento sostenido en la demanda, aunque aclara que no se trata de un fenómeno reciente.

“Este crecimiento viene siendo sostenido desde hace un par de temporadas. Las personas se están atreviendo cada vez más a usar la bicicleta como medio de transporte”, afirma, en línea con un cambio que ya venía gestándose.
En esa línea, advierte un giro en los hábitos de uso. Lo que antes se asociaba principalmente a lo recreativo hoy comienza a integrarse a la rutina cotidiana. “Muchos parten usándola de forma recreativa, pero luego la incorporan a su día a día: ir al trabajo, a la universidad o hacer compras”, explica, evidenciando una transición hacia un uso más funcional, constante y visible en el espacio urbano.

Este proceso también se refleja en el perfil de los usuarios. Desde la tienda penquista destacan una mayor diversidad, con la incorporación de personas mayores y un aumento en la participación de mujeres, lo que ha obligado a diversificar la oferta. “Hoy hay una preocupación por adaptar bicicletas y equipamiento a distintas necesidades, tanto en ergonomía como en funcionalidad”, plantean, dando cuenta de un mercado que se amplía y deja atrás su carácter más segmentado.

Carolina Echagüe M.

En paralelo, la electromovilidad ligera comienza a ganar terreno en el ecosistema local. “Las bicicletas eléctricas la están rompiendo”, sostiene Lobos, junto con advertir un aumento en la presencia de scooters, particularmente en servicios de reparación y mantención. Este comportamiento no solo confirma su adopción, sino que también dialoga con tendencias digitales donde estos dispositivos lideran el interés, ampliando el abanico de alternativas frente al transporte tradicional.

A ello se suma una señal concreta de mayor uso. Desde la tienda advierten un incremento en las solicitudes de mantención, ajustes y recambios, lo que —más allá de la compra inicial— da cuenta de bicicletas que efectivamente están siendo utilizadas de forma cotidiana. “No es solo que la gente compre, también está usando más la bicicleta”, sostienen, reforzando la idea de un cambio que se expresa en la práctica diaria.

Pese a la contingencia asociada al alza de los combustibles, desde el rubro enfatizan que las motivaciones de los usuarios van más allá del costo inmediato. “Muchos clientes hablan de calidad de vida. Ven la bicicleta como un estilo de vida más que como una solución puntual”, concluye, apuntando a un cambio cultural donde factores como el tiempo, la salud y la experiencia de desplazamiento comienzan a pesar tanto como el gasto económico, consolidando una transformación más profunda en la forma de moverse por la ciudad.

Infraestructura y competitividad del modo

Pero más allá del auge de esta modalidad en términos de mercado, en paralelo se ha dado un desarrollo progresivo de infraestructura. Según cifras del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), en la Región del Biobío existen más de 120 kilómetros de ciclovías construidas. A ello se suman, de acuerdo con los últimos reportes disponibles a mayo de 2025, cerca de 8 kilómetros adicionales en ejecución y más de 12 kilómetros en etapa de diseño, lo que da cuenta de una red en expansión.

Sobre esta red operan además sistemas de monitoreo con 23 contadores instalados en ocho comunas —Concepción, Talcahuano, Hualpén, Chiguayante, Coronel, Los Ángeles, Mulchén y Lebu—, los cuales evidencian un aumento sostenido en los flujos. En ejes como Roosevelt, en Concepción, los desplazamientos diarios prácticamente se han duplicado en los últimos años, consolidando un uso cada vez más intensivo de esta infraestructura.

Estos antecedentes permiten observar patrones de uso crecientemente asociados a la movilidad cotidiana. Los horarios de mayor circulación se concentran en torno a las 8:00 y las 18:00 horas, coincidiendo con los desplazamientos hacia lugares de trabajo y estudio, lo que refuerza la consolidación de la bicicleta como un modo de transporte funcional y no únicamente recreativo.

En paralelo, la evidencia ciudadana y académica refuerza esta tendencia. Por varios años consecutivos, la bicicleta se posicionó como el modo de transporte más eficiente en el Gran Concepción, según la Medición de Eficiencia en Modos de Transporte (MEMT). En trayectos reales hacia el centro penquista, por ejemplo, desde Concepción (5 km) el recorrido en bicicleta tomó cerca de 13 minutos, frente a 30 del transporte público y 34 del automóvil, mientras que desde Chiguayante (12 km) registró tiempos promedio de 39,5 minutos, superando al Biotrén y siendo competitivo con otros modos.

Con todo, el escenario muestra que el alza de los combustibles actúa más como un acelerador que como causa única. La combinación de mayor interés, uso efectivo, presión ciudadana e infraestructura en expansión da cuenta de un cambio más profundo en la movilidad urbana, donde la bicicleta deja de ser una opción marginal para posicionarse como un modo competitivo, eficiente y cada vez más integrado a la ciudad.

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