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Chile en el Cinturón de Fuego del Pacífico: el peligro latente e impredecible de un gran terremoto

Equipo Digital
Fotografía: Carolina Echagüe
Lo que debes saber

•Chile vive bajo una alta amenaza sísmica por su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico y la subducción de placas, por lo que debe mantener una preparación permanente.

•Los terremotos no pueden predecirse con exactitud, pero la ciencia permite estimar probabilidades y recurrencias, identificando zonas donde existe mayor interés y riesgo sísmico.

El desafío es fortalecer el monitoreo y la prevención, incorporando más instrumentos, tecnología, inteligencia artificial y colaboración entre científicos, instituciones públicas y comunidades.

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Hay una zona donde se producen 90% de los sismos y 80% de los terremotos más grandes del mundo, también están la mayor cantidad de volcanes. Allí se encuentra Chile, entre varias naciones de América desde el sur al norte en Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón y largo etcétera.

Le llaman “Cinturón de Fuego del Pacífico”, de 40 mil kilómetros en este lado del océano, que siempre tiene movimiento, muchas veces imperceptible o sin consecuencias, otras de gran intensidad y repercusiones como el 10 de agosto en el occidente de Colombia, donde un terremoto magnitud 7.4 generó devastadoras consecuencias.

¿Debe esperar algo Chile? No se puede decir con precisión cuándo, pero sí que siempre hay que estar preparado en un territorio como el nuestro. Cuando la Tierra sacude, recuerda nuestra posición y vulnerabilidad, y la importancia de avanzar de la ciencia a las políticas, instituciones y comunidad para abordar mejor los aún impredecibles grandes terremotos.

Materia que aborda el doctor Andrés Tassara, académico del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Concepción (UdeC), con más de dos décadas dedicado a procesos como tectónica de placas, terremotos y vulcanismo, y ganador del Premio de Investigación Alexander von Humboldt que le llevó a una estadía en el Centro Alemán de Investigación en Geociencias de Potsdam los últimos cuatro meses.

Entre placas y subducción

El geocientista aclara que el “Cinturón de Fuego del Pacífico” se caracteriza por la presencia e interacción de varias placas tectónicas: placas oceánicas que se hunden bajo placas continentales, y su punto de contacto es la zona de subducción, cuya fricción acumula energía que luego libera y ocurren distintos fenómenos.

“En el proceso de subducción se anidan los terremotos y el magmatismo que da origen a los volcanes”, precisa.

En el largo y angosto Chile domina la subducción de la placa oceánica de Nazca con la continental Sudamericana, y casi todo el territorio está en esta zona. Por ello hay tantos volcanes -más de 2 mil-, y se está entre las naciones más sísmicas y donde han ocurrido parte de los mayores terremotos del planeta, como el de 1960 de Valdivia con magnitud 9.5 y el más grande registrado instrumentalmente.

Nuestro contexto y riesgo

Si bien en el imaginario no cabe el nivel de destrucción como se ve en otras naciones, los desastres son un llamado de atención de que siempre convivimos con los sismos y el riesgo de un gran terremoto.

Tassara destaca que en Chile el tipo más común es el de contacto de placas, de movimiento oscilante que puede alcanzar magnitudes enormes y la energía se ocupa en mover a la tierra y al mar, generando grandes tsunamis que absorben mucha de la energía.

El terremoto de Colombia ocurrió al interior de la placa oceánica. Y mientras más adentro, mucha de la energía que se ocupa al romper es de muy alta frecuencia, y la onda sísmica que llega genera un daño brutal”, aclara. Es como un gran disparo.

El investigador plantea que la norma está calibrada para nuestros terremotos más comunes con alta calidad, pero es más fácil construir para esos sismos que para los profundos de energía de alta frecuencia, que podrían ocurrir y devastarnos, y que no son considerados en la normativa.

De hecho, a diario ocurren en magnitudes pequeñas. Pero, podría ocurrir uno grande. Pasó en Chillán en 1939, que destruyó la ciudad y alrededores.

Y el reciente terremoto en Venezuela fue a poca profundidad en una falla visible en la superficie, como la de San Ramón en Santiago y otras con potencial de generar gran cantidad de energía.

Si esos terremotos ocurrieran en Chile no hay norma sísmica que asegure que no vaya a haber un efecto tan terrible como hemos visto en Venezuela y Colombia”, advierte.

Predecir no, estimar sí

Y eventualmente, en un futuro no tan lejano, ocurrirá un gran terremoto en alguna zona de Chile, ya sea de los más comunes u otro con mayor potencial destructivo. Lo demuestra la historia.

¿Se puede saber con precisión cuándo? La respuesta es no. “No existe ningún país, ni los más avanzados como Japón o Estados Unidos, capaz de predecir un terremoto”, asegura el doctor Andrés Tassara.

Lo que se puede hacer con certeza es estimar y pronosticar en qué periodo se podría desencadenar un terremoto en una zona de Chile, según análisis de registros prehistóricos, históricos y actuales.

La falla de subducción en que se ubica Chile tiene distintos segmentos con su propia recurrencia de grandes terremotos.

Al mezclar los grandes terremotos de subducción en todo Chile se sabe que ocurren cada 10 años aproximadamente. El último fue el de Illapel en 2015, y estaríamos esperando uno”, sostiene el geocientista y académico UdeC.

Por las recurrencias conocidas, expone que un par de zonas concentran el interés científico: entre Copiapó y La Serena hay una recurrencia de 100 años y el último gran terremoto fue en 1922, y en Valparaíso es cada 300 años y el último fue en 1730.

En esa línea, Tassara comenta que está la idea de un gran proyecto internacional en Valparaíso para poner instrumentos en tierra y océano por el interés no sólo en el gran terremoto, sino también para abordar procesos asociados que podría haber antes o después, como erupciones volcánicas.

Lo expuesto no significa, ni se puede afirmar, que en las zonas de interés ocurrirá un gran terremoto mañana o este año, pero sí debe instar a que se considere la evidencia para fortalecer las medidas de monitoreo y preparación de la población para la gestión del riesgo de desastre.

Para Concepción la recurrencia de terremotos grandes es de 150 a 200 años. Y podemos decir con cierta certeza que faltan 100 años para que venga un terremoto grande como el de 2010, y que antes de 50 años es muy poco probable que haya uno importante de magnitud 7.5 hacia arriba”, releva.

Hacia los avances

Para avanzar hacia el mejor monitoreo y pronóstico de grandes terremotos en Chile, como de un sistema predictivo efectivo, hay desafíos y oportunidades tanto científicas como normativas y sociales.

Poniendo de ejemplo a Japón, Tassara cuenta que tienen una densa red de instrumentos de última generación instalados cada pocos kilómetros para cubrir el territorio y monitorear la mínima actividad de cada falla, dando capacidad de pronosticar a ciertas escalas temporales acotadas la probabilidad de un sismo de magnitud relevante, si bien no pueden predecir exactamente cuándo será.

Para el investigador tener un sistema de este tipo es el camino que debería y puede seguir Chile, aunque a largo plazo: “la instrumentación sísmica en Chile va avanzando, pero para llegar al estándar de Japón estamos a años luz”.

Además de instrumentos que cubran el territorio se requieren equipos en el fondo del mar, como hay en países avanzados. Pero, son de alto costo, y la falencia se ha ido cubriendo de a poco en Chile con proyectos de investigación que han logrado instalarlos, pero quedaría mucho que cubrir.

Desde allí también destaca que “la ciencia de terremotos chilena es de las mejores del mundo”. Hay especialistas altamente capaces de generar conocimientos y herramientas, el desafío es que las instituciones públicas y centros de monitoreo incorporen a los científicos para generar protocolos y avanzar en los sistemas.

Mientras, la ciencia no dejará de centrar esfuerzos para avanzar en conocimientos y herramientas que permitan entender la actividad sísmica y la ocurrencia de grandes terremotos, y generar modelos que permitan más precisos y acotados pronósticos y sistemas de alertas tempranas que permitan un mejor abordaje de los fenómenos en la sociedad.

Falta mucho por hacer, pero soy de los que creen que en algún punto vamos a lograr predecir los terremotos. Los estamos entendiendo mejor, y mientras más datos e inteligencia artificial se incorpora, más se entiende”, manifiesta Tassara. “Año a año, doctorado a doctorado, paper a paper, avanzamos en algo que en décadas más podría terminar en el sistema predictivo que todos quisiéramos tener”, cierra.

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