A sus nueve años, la pastor alemán Elda tuvo su ceremonia de retiro en Carabineros. Su afijo (el equivalente a un apellido) es Del Emblema Verde, denominación que recibe por haber sido criada dentro de la propia institución.
La historia y relación con su guía canina, la cabo 1.º Gisella Rosales, traspasa ampliamente lo estrictamente laboral. Ambas, pese a conocerse en la etapa adulta de la can, lograron un vínculo de alto desempeño en el trabajo y de profunda cercanía en el hogar.
Hace unos días, en una ceremonia oficial, el general Renzo Miccono, jefe de la Octava Zona de Carabineros, le entregó su condecoración como can en retiro, marcando el cierre formal de sus años de servicio.
Desde el inicio
Hace cuatro años, la cabo Rosales recibió a la perra originaria de Antofagasta. Tenía cinco años y había quedado sin guía. La funcionaria de la Subcomisaría de Montada y Perros Policiales de Concepción recordó el momento. “Me dijeron: tenemos un ejemplar que necesita mucho amor y cariño”.
Al no tratarse de un cachorro, el proceso de acoplamiento se preveía complejo. Sin embargo, la funcionaria relató que “fue bonito el proceso; requirió mucho trabajo, paciencia y demostrarle cariño”. Además, expresó que el equipo de adiestramiento confiaba en cómo se consolidaría la relación al asignársela.
En su trayectoria institucional, Elda prestó servicios de orden y seguridad, principalmente en el casco histórico de Concepción, además de patrullajes en estadios y presentaciones comunitarias. Sus especialidades fueron la defensa y el ataque.
“Es una muy buena ejemplar, respondía bien con su ladrillo y siempre mostró protección hacia mí. Creo que el vínculo que formamos fue determinante, todo va de la mano”, comentó Rosales.
Habitualmente, los perros de Carabineros pasan al retiro a los 10 años y 6 meses. Sin embargo, en el caso de Elda, evaluaciones médicas recomendaron anticipar su baja debido a una displasia de cadera y una discopatía.
La cabo 1.º advirtió el malestar físico de la can y aceptó la decisión priorizando su salud. “Todos los ejemplares que pasan al retiro con sus guías tienen un periodo de adaptación corto porque ya existe afecto, y para nosotras también es un momento muy esperado poder llevarlos a casa”, afirmó.
Elda es el segundo ejemplar que Rosales suma a su hogar, ya que también vive con su primer perro adiestrado. Próximamente, la instructora comenzará el trabajo en terreno con Barú, quien será su nuevo compañero en los patrullajes.
Elda junto a su guía, la cabo primero, Gisella Rosales / Foto: Diario Concepción.
La transición a una rutina más tranquila
Con una década de experiencia como instructora canina, la cabo 1.º Rosales sostiene que la clave para un cambio de rutina exitoso radica en el afecto constante.
De hecho, previo a la ceremonia formal, Elda ya sumaba cerca de un mes viviendo en el domicilio de su guía. Durante este periodo ha mostrado una paulatina relajación de la disciplina militar, manifestando conductas propias de una mascota en proceso de adaptación.
“Es necesario mantenerlos activos para que no se aburran”, explicó la carabinera. Según Rosales, la transición toma un tiempo breve: “Ella todavía mantiene el chip de carabinero, pero con los meses irá dejando de lado las órdenes complejas y conservará solo las de uso diario”.
En el entorno cotidiano, la relación entre ambas se asemeja a la de cualquier tutor con su mascota, donde las instrucciones se reducen a indicaciones simples. Aunque la pastor alemán conserva una actitud vigilante, hoy recorre y olfatea libremente el espacio, manifestando ansiedad solo cuando pierde de vista a su tutora.
Para acompañar este proceso, Rosales destaca la importancia de sumar paseos olfativos y ejercicios de estimulación. “Al ser animales adiestrados mediante refuerzo positivo, necesitan dar continuidad a esas dinámicas a través del juego”, precisó.
En esa línea, la funcionaria compartió algunas técnicas de estimulación aplicables a cualquier can: esparcir alimento en un área delimitada del césped para incentivar el rastreo, o utilizar una botella plástica con perforaciones para que la mueva y obtenga comida. “El paseo por sí solo no basta para reducir la ansiedad”, acotó.
En el hogar, Elda convive con otros tres perros. Para Rosales, la integración ha resultado más fluida de lo proyectado, permitiendo que la can deje atrás su rol de funcionaria de cuatro patas para asumir de forma natural su nueva etapa de descanso y compañía familiar.
Elda, can policial en retiro / Foto: Diario Concepción.