Las grabaciones en distintos puntos de la ciudad penquista generaron expectación ciudadana, pero también controversia con la familia de “Coke”, que cuestionó el enfoque de la producción.
La serie titulada “Alguien tiene que saber”, basada en el caso de Jorge Matute Johns y filmada en Biobío, se ha convertido en una de las producciones más mediáticas entre las distintas realizaciones que han elegido a Concepción como plataforma logística y base de producción.
La capital del Biobío, particularmente el sector de Plaza Perú, fue uno de los principales puntos de grabación, donde se recreó la estética de inicios de los años 2000.

Durante la mañana del 25 de octubre 2024, el tránsito en calle Paicaví —entre San Martín y Plaza Perú— fue interrumpido desde las 07:00 am hasta las 16:00 horas. En el lugar se observaron vehículos intervenidos para la ambientación, entre ellos un antiguo auto de Carabineros.
Asimismo, se retiró señalética actual y se instalaron carteles con el rostro de Jorge, simulando las piezas gráficas que en su momento difundía su círculo cercano en la búsqueda de ‘Coke’.
La intervención urbana generó alta expectación entre transeúntes, quienes ya comenzaban a dimensionar el alcance del rodaje. En ese entonces, la filmación fue presentada como una “actividad cultural”, según indicaban carteles y lienzos dispuestos por la Municipalidad de Concepción en el perímetro de seguridad de las locaciones.

Posteriormente, el 25 de octubre de 2024 continuaron las grabaciones, esta vez en los Tribunales de Justicia penquista. Durante esa jornada, el sector amaneció completamente vallado y con accesos controlados por guardias de seguridad, permitiendo el ingreso únicamente a personas con audiencias programadas.
Desde el exterior, se podía observar la recreación de una marcha con carteles alusivos a la búsqueda de Jorge, con consignas similares a las utilizadas por la familia Matute en su demanda de justicia.
Las grabaciones también se extendieron hacia el trayecto entre Plaza de la Independencia y Tribunales, utilizando calle Barros Arana como punto intermedio. En ese sector, el tránsito peatonal fue restringido mediante vallas, permitiendo el paso controlado de personas.

En ese contexto, se recreó una procesión de actrices y actores que, portando pancartas y consignas por el ‘Coke’, avanzaban hacia Tribunales. Todo esto bajo la atenta mirada del público penquista, en medio de comentarios sobre las polémicas que ya comenzaban a surgir en torno a la producción.
Más adelante, el 30 de octubre del mismo año, el tránsito vehicular en el puente Juan Pablo II fue suspendido durante viernes y sábado debido a nuevas jornadas de grabación de la serie de Netflix. Aunque no se difundieron imágenes de estas escenas, conocedores del Caso Matute han planteado distintas teorías sobre su utilización en la narrativa audiovisual.

En definitiva, la producción de Netflix sobre el caso de Jorge Matute Johns, a cargo de la productora Fábula —de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín—, no solo generó expectación, sino también una fuerte polémica y tensiones con la familia Matute Johns.
La familia acusó a la productora de “lucrar con su dolor” y de provocar afectaciones a la salud de María Teresa Johns debido a la insistencia en realizar la serie.
Cabe señalar que, en un inicio, la producción utilizaba los nombres reales de la familia y de Jorge, lo que generó indignación, considerando que, a juicio de sus cercanos, el caso aún no ha tenido justicia.