Todavía no comienza el invierno de forma oficial, pero las bajas temperaturas ya se sienten en el Biobío. En los últimos días, las primeras heladas en sectores interiores de la región activaron el Código Azul en ciudades como Los Ángeles, mientras los pronósticos meteorológicos anticipan nuevas jornadas marcadas por aire frío, alta humedad y mínimas cercanas a los 0°C en distintos puntos de la zona centro-sur.
En el Gran Concepción, aunque las bajas extremas suelen sentirse con menor intensidad que en sectores precordilleranos o rurales, el invierno trae consigo otro fenómeno habitual: humedad persistente, condensación al interior de las viviendas, filtraciones y un aumento sostenido en el gasto de calefacción. A ello se suman episodios de viento, anegamientos urbanos y el impacto que las bajas temperaturas generan sobre personas en situación de vulnerabilidad.
El escenario responde, en parte, al fortalecimiento de un anticiclón frente a las costas chilenas, condición atmosférica que mantendría alejados los sistemas frontales durante los próximos días, pero que favorecerá el ingreso de masas de aire frío hacia la zona centro-sur.
Medidas municipales para el invierno
Desde la Municipalidad de Concepción aseguraron haber reforzado durante las últimas semanas las labores preventivas relacionadas. El alcalde, Héctor Muñoz, señaló que se han “intensificado labores de monitoreo y revisión de puntos críticos históricamente afectados por acumulación de aguas lluvias, anegamientos y remociones en masa, especialmente en sectores rurales de la comuna post incendios forestales”.
Asimismo, la autoridad comunal agregó que “se han fortalecido las coordinaciones con equipos operativos municipales para la limpieza de sumideros, canales y cauces”, reforzando además la capacidad de respuesta frente a contingencias asociadas a viento, caída de árboles, cortes de suministro eléctrico y afectaciones estructurales derivadas de temporales.
Respecto a los requerimientos vecinales, el municipio informó que durante las últimas semanas han recibido principalmente solicitudes relacionadas con filtraciones y apoyo preventivo mediante entrega de nylon y polietileno para terrenos con riesgo de deslizamientos de tierra.
A ello se añaden revisiones de árboles con riesgo de caída, limpieza de canales y sistemas de evacuación de aguas lluvias, además de requerimientos vinculados al uso seguro de sistemas de calefacción y situaciones de vulnerabilidad social. Frente a ello, indicaron que la Dirección de Gestión del Riesgo de Desastres —en coordinación con distintas direcciones municipales— ha reforzado las atenciones preventivas en terreno, priorizando sectores críticos.
En paralelo, desde la casa edilicia afirman que mantienen una coordinación permanente con la Seremi de Desarrollo Social a través de los programas para personas en situación de calle. En esa línea, Muñoz adelantó que se está “avanzando en trámites administrativos para concretar el primer albergue municipal 24/7. Ya firmamos convenio y estamos en proceso de recepción de vivienda para firma de contrato. La idea es estar inaugurando a principios de junio”.
Vecinos de Concepción
Pero en algunos sectores de la capital penquista, el invierno no se aprecia únicamente por el descenso de las temperaturas. En el entorno de la Laguna Las Tres Pascualas —en Barrio Norte, y entre calles como Bulnes, Janequeo, Lautaro y Paicaví—, la llegada de los meses fríos también reactiva una preocupación que los vecinos arrastran desde hace décadas: la humedad constante al interior de las viviendas, el temor a nuevas inundaciones y la incertidumbre de volver a ver el agua acercándose a sus casas.
La memoria de las inundaciones registradas durante 2024 continúa especialmente presente entre quienes viven junto al borde lagunar. En ese entonces, el aumento del nivel de las aguas terminó afectando decenas de viviendas del sector, en un episodio que vecinos todavía recuerdan como uno de los más complejos de los últimos años.
“No sé decir si la laguna quedó dentro de nuestras casas o nosotros dentro de la laguna”, relata Ana Vallejos Mendoza, pobladora del lugar y exdirigente vecinal.
Vallejos asegura que, hasta antes de aquel episodio, nunca había visto que la laguna alcanzara niveles tan altos. Según recuerda, el agua terminó avanzando hacia sectores cercanos a la calle Paicaví, mientras distintas viviendas quedaron anegadas. Desde entonces, cada frente de mal tiempo se vive de manera distinta en el sector.
“El temor de nosotros constantemente es estar mirando. Yo vengo y le tengo la medida allí, en el puente”, comenta. Incluso, asegura que cuando las lluvias aumentan durante la noche, algunos vecinos vuelven a monitorear el comportamiento de la laguna y de las cámaras de evacuación de aguas lluvias.
Parte importante de la preocupación apunta a las condiciones propias del terreno. Muchos habitantes describen el sector como una zona levantada históricamente sobre rellenos cercanos al cuerpo de agua, situación que —afirman— agrava los problemas de humedad y filtraciones.
“Aunque tú pongas estufa, las casas son húmedas”, explica Vallejos. La cercanía inmediata con la laguna provoca que, durante buena parte del año, las viviendas enfrenten condensación, pisos fríos y deterioro constante de muebles, ropa y paredes.
A ello se suma la dificultad para calefaccionar adecuadamente las casas durante el invierno. “Es muy difícil, mucho”, resume la vecina, quien además recuerda los daños que sufrió su vivienda tras el terremoto de 2010 y posteriormente durante las inundaciones de 2024.
Esa experiencia también es compartida por Andrea Ramírez, vecina y emprendedora del barrio, quien reconstruyó gran parte de su vivienda luego de las inundaciones. “Acá el invierno es muy duro, hace mucho frío y para las personas que no tienen sus casas en condiciones se sufre mucho”, describe, mientras recuerda la emergencia de 2024, donde perdió parte importante de su hogar.
Actualmente, luego de distintos trabajos y mejoras realizadas junto a su esposo, asegura que enfrentar el invierno resulta menos complejo que hace algunos años. Sin embargo, advierte que la calefacción sigue siendo indispensable para sobrellevar las bajas temperaturas y la humedad característica del entorno.
Con el paso del tiempo, la experiencia de las inundaciones también empujó a vecinos y organizaciones comunitarias a reforzar medidas preventivas ante cada temporada invernal. Manuel Mendoza, tesorero del comité vecinal del barrio, sostiene que tras la emergencia registrada hace dos años se realizaron trabajos coordinados con el Estado para mejorar el sistema de evacuación de aguas desde la laguna hacia el río Andalién.
“Se hizo un trabajo bastante grande con la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP y eso permitió que el invierno pasado no tuviéramos las dificultades que tuvimos anteriormente”, explica.
Según comenta, además de las intervenciones en ductos y cámaras, muchos vecinos comenzaron a despejar patios y preparar sus viviendas con mayor anticipación frente a la llegada de lluvias y bajas temperaturas.