Hospital Las Higueras logró acortar tiempo de egreso de pacientes y registra un ahorro neto mensual cercano a los $ 37 millones. UdeC resalta en patentes e investigación.
Ejemplos concretos de cómo funciona la denominada Economía del Conocimiento en la región del Biobío es la articulación público-privada orientada a innovación en salud o el desarrollo de investigación en Tierras Raras.
En el caso del Hospital Las Higueras de Talcahuano, en 2023, el recinto fue seleccionado como primer piloto de Compra Pública de Innovación del Ministerio de Hacienda, impulsado por el Ministerio de Economía con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.
Más en detalle, en el hospital se logró que “el tiempo de egreso de pacientes se redujera en cinco horas, el disponer de 3,1 camas adicionales y actualmente registra un ahorro neto mensual cercano a los 37 millones de pesos, con una recuperación proyectada de la inversión en apenas 2,44 meses”, dijo el vicepresidente ejecutivo de Corfo, José Mujica, en un reciente seminario sobre “Ensayos Clínicos: Oportunidades para Chile en Salud, Innovación y Desarrollo Productivo”, organizado por la Cámara de la Innovación Farmacéutica (CIF), junto a CEPAL y el Programa Estratégico Transforma Innovación en Salud de Corfo.
Otras experiencias
Lo anterior, es solo lo que se puede avanzar en el área de la salud, sin embargo, la economía del conocimiento abarca un ámbito más amplio. Otro caso relevante es la investigación en Tierras Raras que desarrolla, por ejemplo, Arturo Fernández, Doctor en Ciencias Físicas de la Universidad de Concepción y académico asociado en el Departamento de Física de la Universidad del Bío-Bío desde 2013, donde actualmente se desempeña como director del Departamento.
Fernández hoy día trabaja en una nueva línea de investigación aplicada orientada a la separación y valorización de minerales críticos, específicamente tierras raras, mediante técnicas de separación física y química alternativas a los métodos convencionales, en alianza con el sector productivo regional.
En palabras más simples, “lo que estamos explorando en la Universidad del Bío Bío es una ruta distinta (a la tradicional): separar esas tierras raras usando diferencias en su comportamiento magnético y en su química particular, sin necesidad de los solventes orgánicos tóxicos que usa la industria convencional. Es, en síntesis, intentar refinar un mineral crítico para la transición energética de una forma más limpia, más simple y con tecnología que puede desarrollarse aquí, en la Región”, explicó el académico de la UBB.
En el mismo contexto, la Universidad de Concepción también tiene trayectoria en la Economía del Crecimiento, ya que, de acuerdo con la Unidad de Propiedad Intelectual, UPI, correspondiente a la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo, VRID, de dicha casa de estudios superiores, la universidad registra el mayor porcentaje de patentes concedidas, con un 82% de efectividad.

Carolina Echagüe.
Adicionalmente, ostenta la mayor participación de mujeres como inventoras, con un 42% en solicitudes de patentes y figura con más de 400 patentes solicitadas en Chile y el extranjero en más de 30 países y se encuentra posicionada también en el ranking de los tres mayores solicitantes de patente en los últimos 12 años.
Andrea Catalán, directora de Desarrollo e Innovación de la UdeC, contó que la generación de conocimiento más disruptivo, muchas veces, es materia de protección de patentes. “Cuando se logra hacer un match con una empresa que realmente vea en la tecnología y en los resultados una buena oportunidad de mercado y cierra estas etapas, recién ahí se produce la innovación, que es cuando los resultados y esta patente llega al mercado y provoca el impacto para lo que fue concebida”, dijo.
“Ese impacto se puede medir en creación de empleo, mayores rentabilidades, mayor eficiencia o una solución amigable con el medioambiente en reemplazo de una solución que hoy día estaba contribuyendo de alguna forma al desgaste de nuestros suelos, entre otros”, aportó la directora de Desarrollo e Innovación de la UdeC.
Sobre cómo el conocimiento protegido y transferido a la sociedad logra generar un impacto económico, Andrea Catalán apuntó a la protección del conocimiento implica la apropiación de resultados lo que constituye una ventaja que es posible transferir a terceros a través de licencias que muchas veces son exclusivas y que, al instalarse en el mercado, proveen de una solución. “Esto genera un desarrollo porque modificamos, muchas veces, cadenas de proveedores, mejorándolas, pero también se optimizan condiciones como, por ejemplo, de sustentabilidad de industrias y mayor rentabilidad en productos y procesos con una calidad superior a la que existía”.
¿Qué es la Economía del Conocimiento?
De acuerdo con Claudio Parés, economista de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Concepción, el conocimiento es un bien “raro”. Primero, explica, porque es caro de producir y, segundo, porque es uno de los pocos bienes que se pueden llamar realmente “públicos”.
“El conocimiento es algo caro de producir y que no puede ser realmente vendido, por lo que, muy poca gente o empresas tienen incentivos para producirlos. Y es ahí donde entran los incentivos del Estado: financiar investigación y procurar que las patentes se respeten. Es la única manera de generar algo nuevo”, complementó el analista.
Otra arista relevante para Claudio Parés, y que se alinea con lo planteado por Andrea Catalán, es que el conocimiento genera ventajas. “El primero que descubre algo se hace un poco más competitivo que el resto, pero el resto no tiene más que copiarlo (o comprar ese conocimiento, si está protegido) para alcanzarlo. El problema es que los que copian o compran siempre estarán en desventaja. Por eso los países desarrollados siguen invirtiendo en I+D: porque es mejor generar tu propia investigación que comprarla o quedarte atrás permanentemente”, dijo.
Corfo
Desde Corfo Biobío indicaron que articulan la economía del conocimiento en Chile mediante una estrategia integral basada en incentivos tributarios, financiamiento directo y el fortalecimiento del ecosistema de innovación. “Este modelo reduce las barreras financieras para el desarrollo tecnológico y fomenta la vinculación entre el sector privado y los centros de investigación, facilitando la transferencia de capacidades técnicas hacia sectores productivos estratégicos”.
Fuentes de la entidad de fomento en la zona añadieron que un pilar fundamental de esta gestión es la administración de la Ley 20.241, donde CORFO certifica proyectos de I+D para acceder a un crédito tributario equivalente al 35% de los gastos invertidos. “A nivel regional, este compromiso con la inversión privada ha mostrado resultados significativos: solo durante 2025, el monto consolidado de ley en la Región del Biobío, correspondiente a la inversión total en proyectos de I+D certificados, alcanzó los $12.465.780.807, reafirmando la relevancia de este instrumento para la competitividad local”.