Durante esta semana, una de las noticias que marcó la agenda local en el Gran Concepción fue la aprobación del proyecto de Tierras Raras en Penco por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental (Coeva), hecho que, según declaraciones del municipio de Tomé, también genera preocupación en esa comuna.
En ese contexto, la municipalidad tomecina emitió un comunicado en el que manifestó su rotundo rechazo a la aprobación de esta iniciativa. En el documento señalaron que “Tomé necesita desarrollo, inversión y oportunidades para sus habitantes, pero nunca a costa de la salud de las personas, los recursos hídricos, la biodiversidad, los ecosistemas ni el patrimonio natural y cultural que caracteriza a nuestra comuna”.
Asimismo, la casa edilicia aseguró que seguirá velando para que el desarrollo sea compatible con la protección del entorno comunal, incluidas sus tradiciones, actividades productivas y el bienestar de las futuras generaciones. “No aceptaremos que Tomé se transforme en una zona de sacrificio”, detallaron.
Por su parte, el alcalde de Tomé, Ítalo Cáceres, explicó las razones que inquietan a la comuna costera en relación con la iniciativa minera, la cual, según aseguró, pone en riesgo la situación hídrica, especialmente en las zonas rurales del territorio que representa.
“Sabemos que muchos esteros, vertientes y cursos de agua que atraviesan la zona tienen relación con territorios que también impactan a nuestra comuna, especialmente a sectores rurales donde agricultores, campesinos y familias dependen directamente de este recurso”, declaró la autoridad.
Además, reafirmó la preocupación existente tanto a nivel nacional como local respecto de la crisis hídrica que atraviesa Chile. “Hoy enfrentamos una creciente escasez hídrica, por lo que cualquier proyecto de esta magnitud debe evaluar rigurosamente sus efectos sobre las cuencas y recursos hídricos, resguardando la sustentabilidad del territorio y el bienestar de las futuras generaciones”.
Si bien el desarrollo minero de Tierras Raras se llevará a cabo en Penco, desde el municipio señalan que sus efectos podrían ser visibles en Tomé. “Creemos que es necesario analizar sus posibles impactos más allá de los límites comunales”, estableció el jefe comunal.
Por otra parte, y considerando que Tomé no formó parte del proceso de evaluación ambiental, la preocupación persiste. “Existen inquietudes por los eventuales impactos que podría generar sobre nuestros sectores rurales, recursos naturales y comunidades. Por eso seguiremos atentos al desarrollo de este proceso y solicitaremos que cualquier evaluación considere también los efectos que podrían alcanzar a los territorios vecinos”, cerró Cáceres.
Según explicaron desde el municipio, en 2021 comenzó un proyecto que permitió llevar agua potable a sectores rurales y apartados de Tomé. Localidades como Los Quillayes, Chillancito, Rancho Grande, Rinco 2, El Espino, San Francisco, Pissis, San Carlitos y Nachur Chuponal recibieron este servicio hace aproximadamente cinco años. Precisamente, estos sectores son los que generan mayor inquietud entre las autoridades locales.
De acuerdo con un informe realizado en 2025 por el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), se señala que “el daño hídrico cuenta con un carácter transversal, dado que afecta gran parte de las áreas y equilibrios del territorio. Elemento que toma aún más relevancia si se considera el valor estratégico del recurso en un mundo donde el escenario global se encuentra marcado por diversas crisis hídricas, una realidad nacional compleja marcada por los incendios forestales y una progresiva desertificación que se expande cada vez más en el territorio nacional”.
Respuesta
En respuesta a estos cuestionamientos, desde Aclara, empresa que lidera la extracción de estos minerales en la zona, afirmaron que el proyecto “no tiene relación con Tomé” y destacaron que la operación “recircula el 95% del agua del proceso, reafirmando así nuestro compromiso”.
Desde el Gobierno, en una columna de opinión publicada en Diario Concepción, el delegado presidencial regional del Biobío, Julio Anativia, indicó que “desde la perspectiva de la ingeniería ambiental evaluada, el proyecto plantea un método de explotación innovador y de baja escala denominado ‘Cosecha Circular’, el cual reduce drásticamente los riesgos críticos de la minería tradicional. Al extraer las tierras raras desde arcillas superficiales, el diseño contempla un proceso libre de explosivos, lo que descarta el uso de tronaduras y reduce significativamente el impacto acústico y las vibraciones”.
Agregó que “asimismo, opera sin relaves ni radiactividad, evitando los desechos mineros altamente contaminantes del pasado, y funciona mediante un circuito cerrado de agua que contempla la recirculación del 95% del recurso junto con el uso de fuentes recicladas, protegiendo así los caudales naturales superficiales de Penco”.

Cedida
Explicación académica
Ricardo Barra, bioquímico y doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción (UdeC), explicó que, en este caso, la minera a cargo de la extracción de Tierras Raras utiliza un proceso de lixiviación en pilas con soluciones de sulfato de amonio, en lugar de los ácidos fuertes tradicionales.
“Esto es técnicamente distinto a la minería convencional de Tierras Raras que se practica en China, por ejemplo, donde el uso de ácido sulfúrico concentrado genera los impactos más severos, con drenajes ácidos, lo que no ocurre en el caso del proyecto en Penco”, señaló.
No obstante, aclaró que este nuevo tratamiento no equivale a una ausencia de riesgo hídrico.
“Hay varios aspectos que no desaparecen con este proceso. El sulfato de amonio es, en sí mismo, un compuesto que, si se filtra hacia napas subterráneas o cursos de agua, puede alterar la química del agua subterránea. El proceso genera igualmente efluentes y residuos sólidos que deben gestionarse”, afirmó el académico de la Facultad de Ciencias Ambientales de la UdeC.
Además, se refirió a los posibles efectos que este proceso podría tener sobre la biodiversidad de la zona.
“La vegetación nativa cumple funciones hidrológicas críticas: regula la infiltración de agua hacia las napas subterráneas, reduce la escorrentía superficial, mantiene la humedad del suelo y, en zonas de niebla costera, puede capturar agua de niebla de manera significativa. La pérdida de esa cobertura vegetal nativa implica una menor recarga de acuíferos, mayor erosión y arrastre de sedimentos hacia cursos de agua, alteración de los caudales base de esteros y, a largo plazo, una desecación progresiva de los suelos”.
Asimismo, aclaró que, en el ecosistema mediterráneo correspondiente a la zona central de Chile, “donde la vegetación nativa está muy fragmentada, estos efectos se amplifican porque el sistema tiene una menor capacidad de respuesta”.
Reciclaje de agua
En cuanto al plan de la minera, que de acuerdo con lo señalado utilizaría un “95% de reciclaje de agua y un 99% de reciclaje de reactivo (un fertilizante)”, Barra sostuvo que no se puede garantizar la ausencia total de riesgos. No obstante, señaló que se puede “minimizar y gestionar el riesgo residual, pero eliminarlo completamente no es posible en ninguna operación industrial de esta escala”.
El experto explicó que esto ocurre porque “los sistemas de recirculación de agua operan con tuberías, pozas de proceso y tranques de almacenamiento, que están sujetos a fallas mecánicas y eventos sísmicos”, considerando además que Chile es uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo. Finalmente, explicó que las geomembranas que impermeabilizan las pozas de proceso tienen una vida útil limitada y pueden deteriorarse.
En todo caso, el mismo Ricardo Barra realizó un llamado a la calma a las personas. “Es muy importante entregar tranquilidad a la comunidad y asegurar que los impactos negativos serán adecuadamente gestionados, como lo ha planteado el proponente del proyecto”, sostuvo el bioquímico.